La Maternidad, una oportunidad para nuestro desarrollo profesional

Sí, ser madre tiene muchos beneficios para las empresas, aunque todavía cueste verlos, no sólo a los empresarios, sino a nosotras mismas. En el libro MAAM, Maternity as a Master, la Maternidad es un Master, sus autores Riccarda Zezza y Andrea Vitulo, citan estudios científicos que prueban que este momento tan importante para nosotras produce un crecimiento extraordinario de multiplicación de nuestras habilidades, de las llamadas competencias blandas, que según el World Economic Forum son claves en el mundo laboral del presente y del futuro.

El hecho es que el cerebro durante ese periodo es más plástico de lo normal, es decir, tiene una mayor capacidad de cambio, y se crean ventanas de desarrollo cerebral. Hasta el punto que, según Graig Kinsley, Profesor de Neurociencia de la Universidad de Richmond, cuando somos madres, “se producen nuevas neuronas y nuevas conexiones todo el tiempo”.

A estas transformaciones y conexiones causadas por el cambio hormonal, hay que además sumarle esos comportamientos repetitivos que tiene una madre que ayudan a “escuchar todos los días, empoderar, motivar, y, sobretodo, a generar proyectos, personas y realidades más fuertes que nosotros mismos”, dice el libro MAAM.  También es digna de nombrar, la super energía con las que se llenan las madres.

Hasta el punto, que según un estudio de Inside Wome’s Power, la maternidad es el gimnasio del liderazgo y lo mismo se asegura en MAAM, en donde han creado un curso online para los padres que ya se distribuye en empresas como Coca-Cola, Accenture, Danone o Unicredit en Italia  ¿Por qué? Aquí está la respuesta:

La maternidad mejora la gestión de tiempo. Cuando una mujer es madre aprende rápidamente a ver cuales son las prioridades de su hijo, no sólo eso, ve la tarea que hace y las repercusiones que puede tener. Nos volvemos más eficientes y entendemos mejor qué es lo urgente.

Gestionamos mejor la complejidad y el cambioUn problema complejo, como la enfermedad de un hijo, lo rompemos en pequeñas tareas y lo conseguimos hacer con calma. Eso se traslada en qué en situaciones complejas laborales tenemos la capacidad dividirla en pequeñas acciones asumibles.

Nos enfocamos en resolver los problemas. La toma de decisiones ya no se puede posponer cuando se trata de un hijo, lo mismo conseguimos hacer en las empresas. Imagina todas las soluciones que ponemos sobre la mesa sin procrastinar.

Delegamos más. Nos apoyamos en nuestros maridos, en los abuelos o en la chica que cuida a los niños, si tenemos suerte. Renunciamos a creer que lo podemos hacer todo y nuestro ego desaparece de la ecuación.

Comunicación. Aprendemos a explicar cosas complejas a nuestros hijos y eso se traslada en una mayor habilidad para comunicarnos con gente en diferentes niveles.

Empatía. Una madre sabe leer las emociones y es capaz de ver si es necesario dar una respuesta a alguien que muestra su rabia, o si simplemente entender que se está desahogando y es mejor esperar a solucionar el problema.

Escuchamos activamente. Leemos más allá de las palabras, si el llanto del niño es porque tiene un dolor o están fingiendo, lo mismo con nuestros clientes. Y no sólo eso, aprendemos a negociar. A nuestros hijos no les preguntamos: ¿Quieres comer verdura? Sino, ¿quieres brócoli o berenjena?

Creamos alianzas. Una madre busca otras madres para llevar a sus hijos al cole, para recogerlos, para ir a las extraescolares y deja atrás el miedo a preguntar y a pedir favores.

Creatividad. Aprendemos a desaprender, eso nos quita los prejuicios que condicionan nuestra creatividad.

Venga, no te lo pienses más y decídete a ser madre, si quieres. Y cuando entres al despacho de tu jefe o hables con tu socio, hazlo sabiendo todas las cosas que tienes que aportar a la compañía. Lo mismo haremos en Bepow. ¿Te animas?

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