Cómo gestionar relaciones tóxicas y no morir en el intento

Queridas amigas, ¿cuántas veces nos encontramos con personas tóxicas que nos absorben la energía y la alegría, verdad? Pues la psicóloga Erika Pedraza nos cuenta en este post los trucos para interactuar con ellas y salir airosas.

Wow, me encantaría decirte que es posible relacionarse solamente con la gente con la que nos llevamos muy bien, con personas enfocadas en las soluciones y que quieren hacer del mundo un lugar mejor para todos. Pero es una realidad que todas, en algún momento de la vida, nos hemos comportado como personas “tóxicas”: cuando decidimos ser crueles con otros, disfrutándolo a veces y otras veces sin querer; cuando nos ponemos negativas o nos quejamos por todo lo que pasa, cuando somos críticas hasta el punto de volvernos criticonas, cuando somos exigentes a niveles insoportables o cuando decidimos victimizarnos y buscar culpables entre quienes nos rodean. Es factible que todas tengamos nuestros momentos de “estar” tóxicas, sin embargo, hay personas que lo son, que viven sumidas en estas actitudes; y en todos los ámbitos de nuestra vida nos encontramos con seres egoístas, difíciles o que reaccionan de forma emocional y desmedida a situaciones que se podrían manejar mejor con una mejor actitud.

Nuestra primera reacción es evitar a este tipo de personas, no obstante, huir nunca será una respuesta real. Tanto en nuestras relaciones laborales como personales, e incluso en nuestras relaciones de pareja, nos podemos encontrar con esas personas “tóxicas” con las cuales, a veces, es tan complejo relacionarse que no sabemos cómo hacerlo. 

Se trata de personas que en ocasiones pueden ser irritables y muy exigentes consigo mismas y con quienes les rodean, que tienden a culpar a otros de lo que sucede y que, si quisiéramos ahondar un poco más, podríamos decir que su autoestima y su seguridad están afectadas. Lo cual las lleva a ser emocionales, reactivas y a tomar cada situación como un potencial campo de batalla donde todo gira en torno a ellas y sus objetivos. 

Aclaro que no es de mi interés etiquetar a nadie, sino detectar si esta situación conflictiva depende de una circunstancia o un momento especifico, o bien es fruto de una relación que se está convirtiendo en tóxica y que requiere que tomemos decisiones y acciones para cambiarla.

Creo, por mi experiencia como coach, que sí podemos influir para ayudar a que estas personas reconozcan estas actitudes y, hasta cierto punto, cambien. Ahora bien, esto requiere de un trabajo primero en nosotras mismas. Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional, plantea cómo la gestión proactiva, consciente y positiva de las emociones es aún más determinante para lograr nuestros objetivos y lo que llamamos “éxito” que el propio coeficiente intelectual. Y también deja ver cómo alguien inteligente emocionalmente puede ayudar a otros. Por eso quiero darte unos tips que espero sean útiles para que, a partir de tu inteligencia emocional, puedas interactuar con personas “tóxicas” y obtengas resultados positivos:

1. No te contagies de las actitudes tóxicas: Ya sea por nuestras neuronas espejo, por imitación o por estar en automático, puede que terminemos imitando actitudes negativas que afectan a nuestro ambiente y generan tensión. Lo primero que debemos hacer es detectar la actitud negativa y ser conscientes de cómo estamos reaccionando. ¿Cómo te hace sentir esa persona? ¿Cómo reaccionas frente a su actitud, le sigues el juego? ¿Te genera miedo? ¿Te molesta? Ser consciente te va a ayudar a decidir si quieres contagiarte o si vas a marcar la diferencia.

2. Sé objetiva y proactiva: las personas “tóxicas” parecen impredecibles cuando las conoces, pero después terminas viendo que tienen patrones de conducta repetitivos. Es cuestión de observar sus actitudes y reacciones y anticiparte. Muchas veces reaccionar de forma asertiva hará que ellas también reconozcan estas actitudes y puedan cambiar.

3. Enfócate en lo importante: elegir bien las guerras y los temas sobre los que vale la pena polemizar, elegir claramente qué vale la pena aclarar y cambiar y qué se puede dejar pasar.

4. Define tus límites: es necesario ser firme y amable al mismo tiempo, dejar claro qué estás dispuesta a permitir y qué no, comunicándolo de manera directa y clara. Es fundamental definir los comportamientos que permites y aceptas, así como las consecuencias de no manejar este tipo de parámetros, siendo respetuosa y tomándote el tiempo de escuchar. En este aspecto es muy importante darle a esa persona la oportunidad de comprender lo que está viviendo y hacerle saber cómo nos sentimos.

5. Decide ser factor de cambio, la influencia positiva en esa relación: hay que persistir y ser coherente en el tiempo, pues no hay nada que cambie mágicamente. Relacionarse requiere autenticidad, comunicación, tolerancia y mucha comprensión, buscando lo mejor para todos.

Es muy importante recordar que cada persona tiene el poder de decidir, de cambiar y de aportar en los entornos donde habita y muchas de estas personas suelen reaccionar muy bien a una comunicación auténtica y cercana. Sin embargo, también es clave saber que hacer esfuerzos por influir en otros no puede ser excusa para que soportemos el abuso o el maltrato. 

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