María Guerrero, Presidenta de la Fundación para la Acción Social por la Música

“Cuando todo parece que fracasa y tú no te mueres, pierdes todos los miedos 

 Esta Mujer líder española asegura que   mientras sigas con vida, siempre hay algún remedio” 

Encontramos a María Guerrero,  Presidenta de la Fundación para la Acción Social por la Música y una de las TOP  100 Mujeres  LíderesenEspaña, en plena calle de un barrio popular de Madrid invitando a los niños a que se apunten a las clases de música que están impartiendo gratuitamente durante el Día mundial de la Infancia. Es ella la que habla directamente con los padres para que los inscriban, porque sabe que esa puede ser la puerta de entrada a un mundo de posibilidades para los críos. Porque la música y las Orquestas tienen la capacidad de convertirse en punto de apoyo para los niños con vínculos familiares débiles, les ayudan a ser más disciplinados, a gestionar mejor sus emociones, a estar más motivados. 

María estudió Derecho y Administración de empresas en ICADE y comenzó su carrera trabajando en un despacho de abogados, “haciendo fusiones y adquisiciones, en lo más frenético del mercado y, además, en un lugar de muchísima excelencia y muy exigente”. Explica a Bepow que “era un mundo en el que había que dedicar toda la energía a trabajar, cosa que me gusta, pero no me sentía llena, veía que faltaba algo en mi vida, empecé a pensar en otras cosas y a abrirme, porque creo que, cuando no te sientes llena, es muy importante abrirte y estar pendiente pues solo así puedes identificar algo nuevo.  

Fue probando tentativas, como solicitar una plaza que, por supuesto, le concedieron, en Georgetown, para hacer un máster sobre cristianismo e Islam, porque considera que es uno de los grandes temas de nuestro tiempo: “me atormentan las posiciones aparentemente irreconciliables, porque no lo son, para nada”. Ahí es donde descubrió su vocación de coser heridas. Y como estaba pendiente receptiva y atenta, aunque seguía trabajando en el despacho, de repente vio un documental sobre ‘El Sistema’ que José Antonio Abreu creó hace más de 40 años en Venezuela, en el se utilizaba la música como principal vía para la mejora social e intelectual de los niños y que se había extendido por toda América Latina y por más de 65 países. “Pensar que, en Venezuela, hay 700.000 niños y niñas en orquestas, sobre todo en los espacios de mayor pobreza, es realmente impresionante. Cuando lo vi, como yo tenía la pregunta abierta de a qué podía dar mi vida, supe que podía dar mi vida por esa causa”.  

 

“Cada vez que me equivocaba pensaba: ‘si metes la pata, la sacas y haces otra cosa’”.

 

Estuvo investigando, se fue a Venezuela a comprobar cómo funcionaba El Sistema in situ y, al regresar, se puso a montar la Fundación acción para la música inmediatamente, pero entre los trámites para registrarla y demás, se demoró un año hasta la fundación oficial en 2013. Pero seguían trabajando y, en el interín, comenta, “sufrí muchísimo y me equivoqué mil veces, pero cada vez que me equivocaba pensaba: ‘si metes la pata, la sacas y haces otra cosa’. Es una enseñanza de resilencia y determinación: cuando sabes lo que quieres, tienes que hacer todo orientado a eso”. 

Por eso también consideró necesario realizar un postgrado en Liderazgo e Innovación Social por ESADE que le “ayudó a convertir lo que había estudiado en algo con impacto social objetivo. Yo había montado la Fundación, estábamos en marcha, pero me daba cuenta de que me faltaban recursos. De hecho, ahora voy a hacer otro doctorado en Liderazgo y Políticas Públicas, porque tenemos que ser los mejores, tenemos que ser vanguardia digital, tenemos que ser los mejores comunicando y enseñando música, los mejores en psicología y acompañamiento psicosocial, porque ellos se lo merecen”. 

Por ellos se refiere a los 150 niños y niñas que ya conforman la orquesta de su formación, a los que van formando en los propios colegios, dándoles clases extraescolares que complementan los horarios lectivos para apoyar a las familias, sobre todo a las madres solteras, que no pueden cuidarlos durante todo el día. Y, de paso, los sacan de entornos en los que el ambiente está tremendamente cargado, hay espacios sociales donde la discriminación es realmente sangrante, a veces nos hemos encontrado con familias que no querían que sus hijas formarán parte de la orquesta”. Pero cuando consiguen integrar a esos niños y niñas en sus clases de música, comprueban que mejora ostensiblemente sus vidas: “nosotros vemos cambios muy profundos: por un lado, cambios inmediatos, desde el primer trimestre, cambia el comportamiento de los niños y las niñas y se vuelven mucho más disciplinados, con mayor control de sí mismos, con control emocional, más motivados y con un sentido de orgullo que es la base de todo lo demás 

 

“Cuando quieres hacer algo diferente, te quedas completamente sola; no puedes esperar que nadie te esté apoyando”.

 

Por otro lado, “la transformación a más largo plazo va demostrando cambios permanentes en la vida de niños y niñas, que entran en el conservatorio con la mejor nota, lo que significa que han roto ya ese círculo de transmisión de la exclusión social”. Para esas criaturas que tienen vínculos familiares más débiles, “la orquesta se termina convirtiendo en ese punto de apoyo que todos necesitamos para comernos el mundo, donde te sientes aceptado, donde sabes que puedes lograr lo que te propongas y que vales”.  

Precisamente, su mayor aprendizaje en los primeros tiempos de la Fundación fue que “cuando quieres hacer algo diferente, te quedas completamente sola; no puedes esperar que nadie te esté apoyando. Yo solo necesito un punto de apoyo para comerme el mundo: mi marido, que me apoya a muerte, y no necesito a nadie más”. Siendo mujer y queriendo hacer algo social, confiesa, parecía que estaba haciendo algo como de florero, algo filantrópico o de beneficencia”. Pero tiene claro que “nadie es profeta en su tierra” y que “para hacer algo que no existe, no te puede importar nada más que hacer lo que tienes que hacer”. Para ella ha sido “una lección de humildad constante: no te puedes nutrir para nada de la opinión de los demás, porque si me hubiera nutrido de eso, yo me habría hundido; pensaban que me estaba volviendo loca o que estaba haciendo algo inútil por haber dejado esa maravillosa posición, con un carrerón de abogada y haberme puesto a hacer algo que todavía nadie veía ni entendía”.  

Aparte, la gente la cuestionaba: ‘un niño en situación de pobreza, ¿para qué quiere una orquesta?’ “Pues efectivamente para generar una transformación a largo plazo”.  

 

“Cuando todo parece que fracasa y tú no te mueres, tú sigues ahí, pierdes todos los miedos”.

 

Por supuesto, los primeros dos años tuvo que enfrentarse a todos sus temores: “sentía mucha angustia porque traspasé todos mis límites, pero aprendí que, cuando todo parece que fracasa y tú no te mueres, tú sigues ahí, pierdes todos los miedos; porque mientras sigas con vida, siempre hay algún remedio. 

Así pues, con la música como herramienta, no como fin, porque el fin es el empoderamiento de la infancia, María está cambiando el mundo de muchas personas discriminadas en Madrid y, previamente también, en Zaragoza. “La música es una manera de generar entornos de convivencia y de compartir, porque un grupo de personas que tocan o cantan juntas generan una comunión tan perfecta que aparta cualquier otro tipo de división, genera una fraternidad automática y permite trabajarlo todo, desde las ideas, lo emocional, el pensamiento, la creatividad, el cuerpo…”  

Agrega que, “al tocar juntas, todas esas heridas de la exclusión que sufren las personas cuyo vínculo con la sociedad se rompió se van sanando, en cuanto que se aprende que las metas colectivas son las más importantes y que no podemos llegar a ningún sitio solos. Cada cual aprende que “tiene que tocar al máximo de sus capacidades para que la orquesta completa dé el máximo” 

 

“Mientras sigas con vida, siempre hay algún remedio. 

 

Además, al intervenir en sus entornos sociales tan de cerca, las pedagogas, agentes de cambio y voluntarios de la Fundación (en su mayoría mujeres por su talento, aunque María busque la diversidad) se percatan de que “las chicas necesitan una ayuda diferente a los chicos, de hecho, estamos también ofreciendo talleres con una entidad que se llama Masculinidades Beta para ayudar a los a los varones a comunicarse con sus compañeras mujeres en la orquesta y con las niñas hacemos un trabajo de toma de conciencia y empoderamiento, para que adquieran un forma de expresión de manera propia y para corregir la discriminación”.  

 

 

Por Elisabeth G. Iborra Periodista, editora y escritora.

 

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