María López Valdés, CO-founder y CEO de Bitbrain

María López Valdés es una eminente tecnóloga reconocida con innumerables premios dentro del campo de la neurotecnología como fundadora, científica y CEO de la empresa Bitbrain. Desde pequeña siempre fue muy emprendedora y, además, amante de las matemáticas. Lo que no esperaba era descubrir en sus últimos años de carrera que le gustaba la investigación científica. Y fue el azar el que le concedió una beca, en vez de en Matemáticas, como deseaba, en el departamento de Informática Teórica.

Ahí cambió su destino porque conoció al que hoy es su socio en Bitbrain, Javier Mínguez, que, como científico, estaba investigando en el campo de las brain-computer interfaces (BCI), desarrollando interfaces para controlar robots con la mente… “A mí me apasionaba lo que hacían y les echaba una mano con la atención a los medios, que siempre me preguntaban “cuándo eso llegaría a la sociedad”. Entonces, a pesar de no ser su especialización, tiró de su temperamento emprendedor y le propuso a su compañero: “Yo monto la empresa, tú llevas la parte técnica”. De hecho, luego hizo un MBA para formarse como empresaria, aunque su parte científica se fortaleció con su doctorado, que, según confiesa en una entrevista con Elisabeth G. Iborra para Bepow, “me ayudó a entender mucho más rápido lo que hacía Javier y a desarrollarme después con todo lo que he aprendido a lo largo de los años”.

“Estamos entrando en la cuarta revolución industrial, y vamos a tener una necesidad de perfiles STEM enorme y no podemos renunciar a la mitad de la sociedad”.

De forma simplificada, lo que se hace en Bitbrain es desarrollar sensores que se colocan en el cerebro y en el cuerpo humano para obtener información de las reacciones fisiológicas relacionadas con las emociones, los estados cognitivos y los estados motores. Con ello, María y su equipo han desarrollado varios tipos de aplicaciones:

Por un lado, la información fisiológica extraída es analizada en la investigación del comportamiento humano en el ámbito de la psicología, la neurociencia, la ergonomía, la educación o el neuromarketing, una nueva técnica de investigación de mercados gracias a la cual las marcas pueden conocer lo que piensa y siente el consumidor, ya no solo a nivel consciente (con entrevistas o encuestas), sino a nivel no consciente, lo que permite que se adapten mucho más rápido a las necesidades de los consumidores.

Por otro lado, gracias a estos sensores, se ha desarrollado una innovadora tecnología para entrenar al cerebro y mejorar así las capacidades cognitivas de personas mayores, personas que sufren depresión u otras patologías; o para mejorar el rendimiento cognitivo en fuerzas de seguridad, deportistas de élite, jugadores de e-sports o directivos de empresa.

Y por último, en Bitbrain se desarrollan estos sensores con el objetivo de conectar el cerebro a computadoras. Un ejemplo de ello es la interfaz Brain-to-Vehicle que llevaron a cabo con Nissan para mejorar la seguridad en la conducción; o el proyecto de investigación MoreGrasp, en el que se consiguió que personas con tetraplejia volviesen a realizar movimientos con la mano y el brazo en tareas cotidianas de la vida diaria.

“Si no estamos en la toma de decisiones, esos sesgos no conscientes, que también tienen los hombres, nos van a afectar”. 

Con esas mimbres, la compañía, instalada en unas oficinas de Zaragoza que ya se le empiezan a quedar pequeñas, ha logrado extender sus sensores por unos sesenta países. Y su CEO María López Valdés, entre todos los reconocimientos a su valía como líder en el campo tecnológico, cuenta con el premio Anita Börg de Google, el premio Iberoamericano a la Innovación y su entrada triunfal entre los 100 Economic Leaders for Tomorrow. Con mucha humildad, relativiza que “a nivel personal, supone mucho orgullo recibirlos, que haya gente externa que reconoce tu trabajo; pero no solo a nivel personal, sino por el equipo, pues hay mucha gente detrás de mí”.

En cuanto a la empresa, la recompensa es que “al final los premios te hacen ganar más o menos visibilidad, según el premio que sea; y, por otro lado, te ayudan a motivar al equipo y a que se genere un orgullo de pertenencia, que es muy importante, ya que el buen funcionamiento de la empresa depende esencialmente también de su implicación”.

Pero realmente, a largo plazo, como empresaria, su objetivo es crear “imagen de marca porque aunque esta tecnología es muy nueva, con el tiempo probablemente llegará al gran consumo y, cuando llegue ese momento, queremos ser la marca de referencia”.

“La visibilidad que dan esos premios permite que otras mujeres te vean y digan: ‘ostras, es posible, ¿por qué no yo?’.”

En cuanto a cómo puede servirles a otras mujeres ese reconocimiento a una mujer científica empresaria como ella, opina que “tenemos un grave problema con todo el tema de la mujer en el ámbito empresarial, y si ya encima le sumas el carácter tecnológico, es doble problema”. Una manera de combatirlo es “que haya referentes, y la visibilidad que dan esos premios permite que otras mujeres te vean y digan: ‘ostras, es posible, ¿por qué no yo?’. Yo creo que eso suma.”

Otra historia es la discriminación positiva que pueda haber detrás de esos premios… “A mí, como persona luchadora y orgullosa que soy, y como empresaria, aunque entiendo los motivos, sí que me molesta la discriminación positiva porque me planteo si me los dan a mí porque lo merezco, por ser mujer o porque alguien quiere hacerse la foto; aunque viendo mi trabajo, considero que me lo dan a mí. Ahora bien, como científica que estudia el comportamiento humano y que entiende un poquito de esto, lo creo necesario porque da visibilidad a las mujeres y esa visibilidad ayuda a que la sociedad lo normalice”.

“Desgraciadamente, el porcentaje de mujeres en carreras de tecnología está estancado”.

En cuanto a la discriminación negativa, señala que “en este mundo más tecnológico y más abierto de mente, no me he encontrado especiales problemas de discriminación pese a que hay menos mujeres”. Tampoco pierde el tiempo pensando en ello, prefiere centrarse en ir hacia adelante, hacer su trabajo y, mientras tanto, “luchar contra esta lacra que tenemos de que mujer tecnóloga y empresaria suena raro”.

Sí, todavía. De hecho, dentro de su implicación en primera fila en asociaciones de empresarias, en el Instituto de la mujer y hasta en el Ministerio, donde intenta dar su visión para que haya más mujeres en el campo tecnológico, maneja muchos datos y observa que, “desgraciadamente, el porcentaje de mujeres en carreras de tecnología está estancado, desde que yo estudié incluso ha descendido”. Sin embargo, celebra que “en Bitbrain tenemos mucha suerte porque hemos logrado un fifty-fifty de mujeres y hombres, y creo que es porque somos tecnólogos pero estamos tocando algo que es muy social, de valores, temas de salud, temas de conocimiento, del comportamiento humano, psicología… Eso nos ayuda, pero para una empresa de alta tecnología es rarísimo”.

“Prefiere centrarse en “luchar contra esta lacra que tenemos de que mujer tecnóloga y empresaria suena raro”

A ella esa igualdad es lo que más le preocupa y le interesa, si bien, “ya no solamente por la empresa, sino a nivel social, porque estamos entrando en la cuarta revolución industrial, la revolución tecnológica, y vamos a tener una necesidad de perfiles STEM enorme y no podemos renunciar a la mitad de la sociedad” por el hecho de que desde niñas se les inculque (aunque sea de manera inconsciente) el miedo a meterse en carreras de Ciencias bajo el supuesto de que ellas valen más para las Letras. Contra eso hay que bregar, pues por un lado, como padres, ella y su pareja, que conviven en absoluta igualdad, intentan educar a su hija de 7 años y a su hijo de 9 sin ningún tipo de sesgo por el género y educándolos en la tecnología. Pero, lamenta, “por otro lado tenemos la presión de la sociedad, así como los sesgos y los roles que se siguen alimentando a través de series de televisión y de películas donde el tecnólogo es el friki. Y las niñas no quieren ser frikis, ni que se burlen de ellas en el colegio”. Eso les da miedo, creen que no van a valer, no se entrenan en las materias científicas y, por lo tanto, como el cerebro es plástico, no desarrolla esas habilidades y, en consecuencia, no van a ser buenas en Ciencias.

De esto se deriva una de sus principales preocupaciones: la presencia de tecnólogas en los debates éticos necesarios sobre cómo nos van a influir en el futuro todas las nuevas tecnologías, desde la Inteligencia Artificial hasta la propia neurotecnología, para que no nos supere lo que está ocurriendo. “En el Foro de Davos y en la Comisión Europea ya hay comités donde los expertos están analizando todos estos temas para fundar unas bases y salvaguardar o dar marcha atrás en algunas cosas”. Pero, evidentemente, “si las niñas no estudian tecnología, no habrá tecnólogas y nos dejarán al margen, no porque quieran apartarnos ni que las mujeres suframos, sino porque si no estamos en la toma de decisiones, esos sesgos no conscientes, que también tienen los hombres, nos van a afectar”.  Y eso no lo queremos ni María, ni en Bepow ni vosotras, ¿verdad, amigas?

 

 

Por: Elisabeth Iborra. Periodista, editora y escritora.

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