Jen Ponton, actriz norteamericana

Para la actriz y activista que defiende tener curvas, “nunca ha habido un momento en el que abandonar, tirar la toalla, haya sido una opción para mí”.

Jen Ponton es una actriz norteamericana que ha participado como protagonista en numerosas películas y series de cine y televisión, así como en obras de teatro, que también escribe y produce ella misma, por cierto. Pero, además, es una activista muy destacada que defiende el derecho a tener un cuerpo que se salga de los estándares, a tener curvas y no ser discriminada por ello.

En Bepow le preguntamos qué inconvenientes, dificultades, obstáculos, críticas y riesgos ha tenido que superar para llegar a la aceptación plena de su cuerpo, teniendo en cuenta que no corresponde a los estándares estéticos de una profesión tan basada en la imagen. Y nos confiesa que mucho de eso tiene que ver con “estar en el mismo lugar que ocupaba cuando era niña, el de ser el único menor en la mesa. Ha habido muchos momentos en los que he tenido que valerme por mí misma y saber, en mis propios huesos, que por lo que estoy luchando es lo correcto. Mi mentor me recuerda a menudo que el liderazgo es solitario. Ahí es donde amar lo que haces es tan crítico, nunca ha habido un momento en el que abandonar, tirar la toalla, haya sido una opción para mí. No puedo imaginarme pasar mi vida haciendo otra cosa”.

Ese compromiso con su propósito le ayuda cuando suceden “las cosas esperables: cuando los agentes o directores no creen en mí; cuando alguien piensa que no seré buena para una papel porque soy de talla grande; cuando una reseña se refiere a mi cuerpo pero no dice nada sobre mi historia; cuando es difícil verme reflejada en una obra de arte”.

“Por cada instante que pasas preocupándote por ser más delgada o más guapa, pierdes momentos persiguiendo tus sueños”

Así que no, no ha sido fácil llegar a esa aceptación de sí misma: “Crecí como hija única y un poco como una paria solitaria, así que estoy acostumbrada a estar sola. Mucho de este trabajo, fortificándome para hacerlo sola, se lo debo a una práctica espiritual profunda. He hecho un trabajo interior constante, cursos sobre cómo confiar en ti misma y en tu suficiencia, talleres sobre cómo sanar e integrar tus traumas. Y, por supuesto, mi viaje para aceptar y amar mi cuerpo fue intenso y continuo. Soy un trabajo constante en progreso y amo a la persona que era y a la persona en la que me estoy convirtiendo”.

Lo cual le está sirviendo mucho para fortalecerse para ir contra el sistema y luchar para que millones de mujeres que sufren los mismos prejuicios, incluso discriminación, puedan aceptarse a sí mismas y ser aceptadas. Asegura que “Internet ha sido de gran ayuda, particularmente Instagram, en la creación de un lugar donde los cuerpos gordos pueden ser VISTOS y resaltados como obras de arte. Nunca ha habido un lugar donde la gente haya tenido la posibilidad de hacer eso, y la comunidad de gordos de Instagram –de momento, una gran burbuja positiva- es enormemente estimulante y revitalizante. Definitivamente, hay fuerza en ser muchos, y cada persona a la que podamos ayudar a mostrarse más plenamente en su vida tiene un gran efecto dominó”.

Casi con más resignación que aceptación, Jen confiesa que está acostumbrada a apañárselas con lo que opinen los demás y señala: “si yo tuviera algún tipo de anomalía crónica, eso no me molestaría. Lo que me molesta es que la forma en que me discriminan es solo una pequeña parte con respecto a cuánto más discriminada está la gente más grande que yo”. E incluye en su pretensión de disminuir ese sufrimiento, esa opresión, a personas que están más marginadas si cabe: “gente de color, gente gay, gente trans, gente discapacitada”. Al final, puntualiza, “no se trata solo de la aceptación de un cuerpo, se trata del acceso a la atención médica, la igualdad de remuneración y la discriminación permitida por la ley. Lucho por esa paridad”.

“Ha habido muchos momentos en los que he tenido que valerme por mí misma y saber, en mis propios huesos, que por lo que estoy luchando es por lo correcto”

A todas esos que no respetan o rechazan a quienes tienen sobrepeso, les diría que “el 68% de las personas llevan más de una talla 14, lo que significa que estás contribuyendo al dolor que afecta a dos tercios de las personas que amas. Los cuerpos grasos necesitan ser humanizados. Constantemente nos despojan de su humanidad: cuerpos sin cabeza caminando en las noticias, etiquetados como una ‘crisis de salud’. No somos una plaga. Somos tus padres, tus hermanos, tus amigos, tus amantes. Tenemos vidas plenas, dinámicas y emocionantes. Movemos nuestros cuerpos, tenemos sexo, comemos todo tipo de alimentos”.

También les preguntaría a esos que les abochornan: “¿quién se beneficia de esa fatshame (vergüenza de gordos)? La respuesta es: las grandes compañías farmacéuticas y de dietética, que harán todo lo posible para que la gente tenga miedo de estar gorda. Sus bolsillos son insondablemente profundos”.

Y al sistema le interesa y fomenta ese consumismo, así como las adicciones a la comida y a la bebida, por las razones que esgrime Jen: “como han demostrado los últimos años de dinámica racial en Estados Unidos, se trata básicamente de asegurar que los que están en el poder (blancos de élite) permanezcan en el poder, y de que los que están en déficit (gente de color más pobre) permanezcan privados del derecho al voto. Los alimentos y bebidas procesados que son tan demonizados son baratos, fáciles de conseguir y casi siempre están presentes en los postres. Si una persona blanca delgada y adinerada quiere evitarlos, tiene opciones y recursos; algo que a menudo no está al alcance de los que no pertenecen a esa clase social. Es la supremacía blanca, el clasismo y el elitismo”.

“Ya eres suficiente, pero cuando te des cuenta finalmente de cuánta vida tienes derecho a vivir, vas a ser mucho más hermosa”

Considera que, por el mismo motivo, se ha establecido un estándar estético o modelo de perfección que va en contra de la propia naturaleza biológica de la mujer y que pretende asemejarse al hombre, plano y fibroso: “Porque se necesita dinero, esfuerzo. Es la misma razón por la que los cuerpos más grandes fueron alguna vez apreciados -significaba que tenías recursos, comida, riqueza-. Ahora, si puedes mantenerte delgada, es porque tienes el dinero para el entrenador personal, el chef especial, la liposucción. Aquí es donde la gente siempre señala que los hombres heterosexuales se sienten más atraídos por cuerpos más suaves y femeninos, pero la conclusión es que su cuerpo es la moneda social y su valor social es mayor si usted es delgado”.

En cualquier caso, a Jen no le ha faltado el trabajo, lo cual achaca a que, pese a todo, disfruta de un cierto privilegio, porque más allá de la talla, enumera: “también soy blanca, rubia y de origen de clase media. Estoy segura de que eso ha hecho mi camino más fácil de lo que sería si fuera una mujer de color, trans, gay o de una familia en dificultades. Creo que mi presencia en el entretenimiento lo ha hecho más sencillo y más posible para otros, y estoy comprometida a mejorar esas oportunidades para otros cuerpos gordos en el entretenimiento tanto como pueda”.

Si tú misma te encuentras ahora en una situación conflictiva e intentas ser perfecta para lograr la autoaceptación y ser feliz con tu diversidad estética, Jen te pregunta, a ti, directamente: “¿quién se beneficia de que tú te fijes en un ideal imposible? Esa respuesta es aún peor: la industria de la belleza. La industria de la dieta. La industria de la moda. Revistas, tabloides, gaseosas dietéticas, té de vientre plano, todas las compañías cosméticas conocidas para el hombre, peluquerías, salones de uñas, grandes farmacéuticas, la industria de la salud, Spanx, Christian Louboutin y… el patriarcado”.

“Amar lo que haces es tan crítico, nunca ha habido un momento en el que tirar la toalla haya sido una opción para mi”.

Se refiere a que tengas en consideración que “tu tiempo, tu enfoque, son finitos. Por cada instante que pasas preocupándote por ser más delgada o más guapa, pierdes momentos persiguiendo tus sueños, mejorando tu forma de hablar, negociando un aumento de sueldo o conectándote realmente con tus seres queridos. Ya eres suficiente, pero cuando te des cuenta finalmente de cuánta vida tienes derecho a vivir, vas a ser mucho más hermosa”.

 

 

Por: Cristina Callejas. Periodista y comunicadora social con Maestría en Desarrollo.

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