Gladys Sánchez, pionera de la aviación militar femenina en Colombia.

Gladys Sánchez estuvo en el primer grupo de mujeres pilotos militares en Colombia, se convirtió en la primera mujer de Suramérica en recibir una medalla de orden público y fue la primera mujer comandante de una aeronave en Copa Airlines Colombia, donde además es gerente de pilotos. Tiene más de 5.500 horas de vuelo a sus espaldas, combina su rol de madre con una de las profesiones más arriesgadas del mundo y no deja que nada la detenga.

Bajo su punto de vista, hace falta mucha disciplina para lograr los sueños y nos dice que nunca dejó que los comentarios negativos de algunas personas afectaran a sus metas, ni a su vida: “Yo soy la que maneja mi vida. Nunca dejen que les acaben sus sueños, las mujeres somos muy capaces. No podemos dejar que el miedo nos confunda”.

Es serena, dueña de sí misma y su filosofía de vida la resume en una frase: “todo tiene solución, lo único que no tiene solución es la muerte” y explica que parte de su éxito es prepararse para cada momento porque le gusta hacer las cosas bien.

«Nunca dejen que les acaben sus sueños, las mujeres somos muy capaces.»

Gladys soñaba con ser astronauta y sabía que, para lograrlo, primero debía ser piloto, así que, pensando solo en completar un requisito, terminó convirtiéndose en la pionera de la aviación militar femenina en Colombia.

Se presentó al primer curso de mujeres pilotos militares que abrió la Fuerza Aérea Colombiana en 1997 y, entre las 2.000 candidatas, la bogotana obtuvo uno de los 34 cupos disponibles y supo que cada minuto de los últimos seis meses dedicado a entrenarse había valido la pena. Se levantaba a las 5 de la mañana a trotar, a hacer flexiones y a estudiar. “Mucha disciplina para poder lograr el sueño”, matiza, y en Bepow compartimos esta regla de oro que identifica a muchas de las mujeres que nos inspiran.

Fue a otra ciudad, se separó de su familia y hasta se despidió de su hermosa cabellera que cambió por el cabello corto y una gorra que no la protegió por completo de las quemaduras del sol. A los 17 años, tuvo que elegir entre la vanidad o su sueño y no lo dudó, porque alcanzar los sueños empieza por vencer cada obstáculo que se nos presenta. Algo que debemos tener presente cuando nos planteamos nuestras metas.

«No podemos dejar que el miedo nos confunda»

Mucho más allá de jornadas de ejercicio militar extenuantes, su mayor reto fue enfrentarse a la resistencia al cambio, pues los hombres no podían entender por qué la Fuerza Aérea había seleccionado a mujeres para ser pilotos. En lugar de desanimarse, se encorajaba. Hoy nos confiesa que muchas veces se encerró en las noches a llorar, pero decidió no darse por vencida y seguir adelante. Del grupo inicial, 14 mujeres siguieron y al cabo de los 4 años solo 7 lograron convertirse en pilotos.

MÁS QUE UNA PROFESION, UNA PASIÓN.

Aunque su padre falleció cuando ella tenía 16 años y no alcanzó a ver el sueño de su hija cumplido, se convirtió en su inspiración. Gladys comparte con Bepow uno de los aprendizajes que más le han ayudado a asumir sus retos: “Así es la vida. No me pongo a llorar. Lo que te toque hacer, hazlo… y hazlo bien”.

Como las mujeres no podían ser pilotos de combate, las asignaron al grupo de transporte como copilotos. Durante 10 años, Gladys voló diversos tipos de aeronaves, especialmente en operaciones con visores nocturnos y evacuaciones aeromédicas, y fue precisamente en una operación de estas en Barrancominas, en pleno furor del conflicto armado en la selva colombiana, cuando, acorralados en medio de las balas, tuvieron que evacuar, con la tripulación de su aeronave, a 9 militares heridos que se debatían entre la vida y la muerte. Esta heroica misión le valió al equipo la medalla de orden público que convirtió a Gladys en la primera mujer de Suramérica en recibir tan alta distinción reservada a los militares más aguerridos.

«Lo que te toque hacer, hazlo… y hazlo bien»

Era copiloto y pronto iba a ser comandante de ese equipo, tenía todo para convertirse en la primera mujer general de la Fuerza Aérea Colombiana, pero se casó y nació su primera hija. Debía salir a cualquier hora de la madrugada y dejar a la bebé con su mamá, porque su esposo también es piloto. Ser mamá y piloto militar no era fácil.

Nuevamente la vida la puso a decidir: “para mí fue más importante ser mamá que seguir siendo piloto”. Se retiró y se reinventó como ama de casa. Luego se presentó a una convocatoria de una aerolínea comercial y de nuevo su vida tomó otro rumbo. Allí estuvo como copiloto cuatro años y, en 2012, se convirtió en la primera mujer piloto de Copa Airlines Colombia, donde además es gerente de pilotos y lidera y apoya a sus compañeros en la parte administrativa.  Es la primera vez que este cargo lo asume una mujer, pero ella ya está acostumbrada: “Al principio no eres consciente de que estás abriendo un camino o de si eres pionera en algo, hasta que después te vas dando cuenta”.

Disfruta su trabajo y todavía se emociona con el sonido de los motores justo antes de despegar. Saluda a los pasajeros por el altavoz de la cabina, de modo que muchos de ellos se sorprendan de tener una mujer al “mando”. Por eso les enseña a sus hijas de 8 y 14 años que no se den por vencidas, “así tengan a todo el mundo encima diciéndoles que no pueden, que no son capaces o que no sirven. Una no puede estar diciendo no soy capaz, no puedo. En mi casa está prohibido decir no puedo”.

 

Por: Cristina Callejas, periodista y comunicadora social. 

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