Ana Matnadze, campeona mundial de ajedrez

La ajedrecista georgiana que representa a España asegura que cuántos más campeonatos ganaba, más le pedían, lo cual, paradójicamente, le motivaba. 

Ana Matnadze (1983) tenía apenas 4 años cuando su madre la enseñó a mover las piezas y le explicó las reglas del ajedrez. Solo dos años más tarde ya le puso más interés, la llevaron al Palacio del Ajedrez a Tbilisi (capital de Georgia, su país de origen) y empezó a entrenar y a competir. O sea, una niña precoz gracias a su progenitora, que estaba enamorada de este deporte (y sigue estándolo) y a su familia en general.

Más tarde recibió la influencia de sus primeros entrenadores, “entre ellas, Tamar Khmiadashvili (varias veces Campeona del Mundo de Seniors) y mi madrina Nona Gaprindashvili -una leyenda viva-, cinco veces Campeona Mundial”. 

En una entrevista para Bepow, recuerda: “entrenábamos día y noche. Nos olvidábamos del paso del tiempo. Y era porque nos apasionaba lo que hacíamos”. Además, afortunadamente, no ha tenido dificultades para poder jugar por el hecho de ser mujer sino “todo lo contrario. Me recibieron con los brazos abiertos. En Georgia, el ajedrez femenino es, y era, mucho más popular que cualquier otro deporte. Las figuras mundiales eran precisamente mujeres… Todo el mundo las conocía y las admiraba (¡y hoy también, claro!)”, De hecho, comenta, “hay competiciones Absolutas (donde las mujeres podemos participar) y solo Femeninas. Dependiendo del evento, hay categorías separadas. Por ejemplo, la Olimpiada se juega separada, aunque una mujer puede participar en la Absoluta”. 

“¡Un pequeño empujón puede cambiar vidas enteras!”.  

A pesar de la “gran suerte de nacer en un país donde el ajedrez femenino tenía tanto apoyo”, tampoco ha sido un camino de rosas, ya que eso mismo era una navaja de “doble filo pues el listón también estaba tremendamente alto. Ello me fortaleció más, los obstáculos me los tomaba como retos. Cuantos más campeonatos ganabas, más se te pedía. Podría ser agotador, un camino que no tenía fin… Pero a mí me motivaba. Aunque también tenía mis momentos difíciles. Resumiendo, he podido sacar más positivo de aquella presión, si se le puede llamar así”. 

Y es por eso que, cuando pierde, se lo toma “con elegancia. No suelo perder los papeles. Si me cabreo conmigo misma, me aguanto hasta que pueda quedarme sola. Y, entonces, me doy una buena bronca. En general, intento hacer una correcta lectura de lo sucedido y seguir aprendiendo. No siempre sale igual, pero… ahí estamos”. Claro, como todas, ¿verdad, chicas? 

Se toma también con humildad la cantidad de campeonatos mundiales o nacionales que ha ganado tanto por su país natal, Georgia, como por España, a quien representa actualmente: “los títulos llega un momento en que ya son mera estadística, lo más importante es servir como ejemplo de algo positivo. A veces no te das cuenta de cuánta gente te sigue y te apoya hasta en el silencio… Cuando te percatas de ello, relativizas. Es lo mejor del mundo.” Aparte de recorrerlo, pues jugando ha conocido más de 100 países y habla español, georgiano, ruso, alemán, inglés, portugués y catalán. 

“Entrenábamos día y noche. Nos olvidábamos del paso del tiempo. Y era porque nos apasionaba lo que hacíamos”.

Lo que no encuentra tan positivo es el “proceso lento y largo” hacia la igualdad… “Las mujeres venimos luchando durante muchísimos siglos y sería injusto decir que no hemos conseguido grandes cosas. Pero aún queda mucho camino por recorrer… Cada día nos damos cuenta de lo mucho que queda por hacer”. El ajedrez es uno de esos sectores donde “no debería existir ningún tipo de discriminación, la palabra en sí lo dice sola… Pero es imposible quitar de un día para otro algo que ha perdurado durante tanto tiempo. Para motivar a las niñas que empiezan, quizás todavía sirva poner títulos femeninos, aún somos un número muy reducido… Pero poco a poco, deberíamos ir eliminándolos”. 

En su caso, ha tenido que atenerse al sistema porque “hay unas reglas establecidas… aunque no me gustara, tuve que sacarme los títulos femeninos y absolutos. Si bien, al final, una persona deportista no se conforma con un título, siempre quiere conseguir el próximo reto...” 

Y a las que quieran conseguir su propio reto de destacar en este deporte, les recomienda “que luchen por sus sueños y que nadie les detenga. El mundo del ajedrez es duro, pero nada es fácil en esta vida. Si realmente les gusta, que sigan adelante. Y con mucho, mucho trabajo y disciplina. Sin trabajo no se puede conseguir mucho”. 

“Pero nada es fácil en esta vida. Si realmente les gusta, que sigan adelante.”

Por lo menos, ahora el sector “está cada día mejor. Los medios dedicáis cada vez más espacio a las mujeres en general, y eso se agradece. Es importante ofrecer más visibilidad porque si motivamos aunque sea a una niña a iniciarse en esto, ya es un pasito más. ¡Un pequeño empujón puede cambiar vidas enteras!”  

Y en eso estamos en Bepow, ¡acercándoos ejemplos como el suyo para que seáis lo que queráis ser!  

 

 

Por: Elisabeth Iborra. Periodista, editora y escritora.

 

 

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