Alexandra Montoya, periodista, humorista e imitadora de voces

La periodista y humorista radiofónica asegura que es importante saber reírnos de nosotras mismas.

Alexandra Montoya derrocha humor y carisma. La periodista, comunicadora social y abogada colombiana es toda una referencia en su país, donde todos la conocen por sus incontables facetas como imitadora de voces. Más de 30 personajes humorísticos plagan su programa radiofónico, La luciérnaga, y con ellos hace reír a millones de personas.

Ahora bien, avisa, “la primera regla para el humor es reírse de una misma. En los stand up comedies elijo magnificar mis defectos antes que señalar los del resto porque sé que, al final, se identificarán con muchos de ellos, aunque no lo quieran admitir en voz alta”. Alexandra confiesa que, para poder reírnos de nosotras mismas, primero debemos aceptarnos y querernos; E insta a todas las mujeres Bepow a “que se valoren, que no le den gusto a nadie, porque cuanto más alta esté su autoestima, menos las derrumbarán.” Y también nos recuerda que “cada persona vive a su manera y a su ritmo”. No olvidéis nunca eso, amigas.

Pero no sólo es popular por su faceta humorística, sino por su carácter fuerte y determinado, que la llevó a ser madre soltera con 35 años por reproducción asistida en un país donde pocos utilizan esos métodos y a escribir un libro titulado “Yo lo decidí”, en cual inspira a otras mujeres a que tomen sus propias decisiones y asegura “que nunca es tarde si tú lo decides”. ¿De dónde le viene toda esa determinación?, le preguntamos en Bepow. “Todo ese coraje proviene de mi madre, de no ser conformista, de no quedarme ahí, de ser inteligente y tener carácter para decir NO.”

“Elijo magnificar mis defectos antes que señalar los del resto porque sé que, al final, se identificarán con muchos de ellos, aunque no lo quieran admitir en voz alta.”

Para Alexandra, la decisión de ser madre o no es una cuestión de “autodeterminación, y nadie tiene por qué cambiar eso”. En su entrevista con Bepow, afirma que “se nos debe respetar el decidir ser o no mamá, es el libre desarrollo de la persona y es un derecho. Todas deberíamos darnos la libertad, la oportunidad de elegir qué queremos hacer y ser.

Al final, se trata de buscarse la vida, aunque no se cuente con una pareja ni con unos abuelos que te apoyen: “En mi caso, solo estoy yo, pero me he rodeado de personas que me ayudan a cuidar de Juan José cuando estoy trabajando”.

No obstante, no siempre se tienen las cosas tan claras, ¿verdad, amigas? ¿Qué hace Alexandra ante la duda? “Pido sabiduría, tener mucha prudencia y no pecar de atacada”. Confiesa que, en ocasiones, por el afán de querer tomar una decisión lo antes posible, cometió el error de no ser lo suficientemente analítica y cuidadosa, pero que le sirvió para madurar y corregir esa impulsividad que antes la identificaba. Por otro lado, si la duda consiste en si es capaz o no de hacer algo, la cuestión para ella “no es creer que lo puedes hacer, es hacerlo. ¿Y qué pasa si haces el ridículo? ¿Qué pasa si no te va bien? Pues te levantas y sigues.” Así, sin más, hay que actuar.

“Identifiqué para qué era buena, comencé a canalizar ese don.”

Y para tener una buena base a la hora de actuar, la lectura ha sido un hábito fundamental en la existencia de esta humorista. pues, desde temprana edad, entendió que a través de los libros puedes conocer mundos nuevos y realidades ajenas que te cambian la vida. Te enseña a ver las cosas desde otra perspectiva y a valorar lo poco o mucho que se tiene: “Hay que ser agradecido con la vida, con Dios o en lo que cada una crea, es un día más de vida” que atrae nuevas oportunidades.

También el colegio fue una etapa repleta de aprendizajes y momentos que marcaron su trayectoria vital. Primero, haber perdido dos años escolares le enseñó que “no hay que creer que porque tu inteligencia sea diferente a la de los demás eres menos inteligente. Yo era muy mala para las matemáticas, pero mi inteligencia no radicaba en los números, sino en expresarme y comunicar. Desde pequeña me iba bien contando chistes e imitando voces.”

En cuanto “identifiqué para qué era buena, comencé a canalizar ese don y a buscar todo lo que me pudiera enriquecer para contar un cuento o un chiste.” Identificad vuestros dones, chicas.

“Pido sabiduría, tener mucha prudencia y no pecar de atacada.”

El segundo punto clave fue que, durante su época de rebeldía, Alexandra decidió irse a vivir con su padre un tiempo. En casa de su madre, también conocida como “hotel mamá”, no valoraba las comodidades que, con mucho esfuerzo, le brindaba. “Cuando me fui a vivir con él, mi mentalidad cambió. Aprendí a valorar todo lo que ella nos daba muchísimo más. Hasta comencé a hacer la cama sin que me lo pidieran”, recuerda Alexandra entre risas. Y es que gracias a esas dificultades, concluyó que “hay que aprender a disfrutar cada segundo y saber que nada sucede por azar”.

Una YouTuber antes de la era Millenial.

Aunque no era su trabajo todavía, Alexandra comenzó a generar contenido radiofónico y televisivo, pero desde la cocina de su casa, algo así como una YouTuber antes de la era Millenial, porque detestaba lavar la vajilla y, para sobrellevarlo, “jugaba a hacer transmisiones mientras fregaba los platos, jugaba con mi voz y hasta me reía de mí misma, pero lograba hacer este rato más ameno. El aprendizaje que extrajo de aquello y recomienda a la lectora de Bepow es que “de toda la lista de lo que tengas que hacer, comienza por lo que menos te guste y, sea lo que sea, hazlo con amor”. Así comprenderás que “los problemas pasan a ser otra cosa cuando tienes el don de la felicidad y que solo tú puedes cambiar tu realidad. Independientemente de donde me pongan, lo que haya que hacer es un privilegio”.

Y con esa lección interiorizada, empezó a dar sus primeros pasos oficialmente como comunicadora y humorista en La Luciérnaga, un programa bastante “masculino” donde no fue tarea fácil comenzar a ganarse un espacio. Aquí puso a prueba todo lo que hasta el momento había aprendido, entre otras cosas, pararse en la raya y decir NO cuando era necesario. Asimismo, comenzó a entender que “someterse a la autoridad es difícil, pero adaptarse o asumir la autoridad no significa renunciar a mi voz o voto”. Eso sí, en cualquier caso, “es necesario mostrar humildad en cada una de las etapas”.

Por Vanessa Córdoba

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