Alejandra Azcárate, actriz y cómica

La modelo, actriz, presentadora y cómica no piensa en las críticas porque ese “es el camino más corto a la mediocridad.”

Si en Colombia preguntan quién es Alejandra Azcárate, a todos, hombres y mujeres, les brota una sonrisilla. No hay quién no la conozca: ex modelo, actriz galardonada, presentadora de programas televisivos, jurado en el Got Talent colombianoinfluencer con más de 2,5 millones de seguidores y, sobre todo (de ahí la sonrisilla), comediante.

Sí, esta mujer no solo acumula galardones por sus actuaciones en telenovelas como «Pobres, Ricos» o «Diomedes, el cacique de la junta», sino que acumula las sonrisas y carcajadas de la gran cantidad de espectadores que ya han pasado por su Stand Up Comedy, no sólo en Colombia, sino en gran parte de Sudamérica y también en los Estados Unidos. «Descárate con la Azcárate» es un desternillante monólogo con «humor negro azabache», como ella lo describe, en el que se presenta la cruda y divertida realidad – con un toque picante- sobre la convivencia entre parejas, el sexo, los celos…

Y ahí es donde nos llama tanto la atención a BEPOW, en su faceta de comediante, porque no son tantas las mujeres que saltan al ruedo en las dotes cómicas. ¿No te da miedo que no se rían?, le preguntamos en BEPOW. Y ella nos regala su primera píldora de sabiduría: «Mi autoestima no depende de la reafirmación de los demás». «No cuento chistes, no tengo ese talento. Presento la cotidianidad desde mi punto de vista, intentando que mi perspectiva genere una identificación colectiva. Si no se da, lo comprendo y lo acepto. Afortunadamente, no todos pensamos igual», celebra.

“Comprobé que yo era mi peor enemiga y me vencí. Hoy soy mucho más fuerte emocionalmente.”

Y es que su amor propio no depende de esos aplausos, de hecho, sus mayores cualidades para afrontar los miedos a hablar o expresarse libremente en público han sido la «valentía, franqueza, honestidad y sensatez», así como ignorar a sus críticos: «Yo no pienso en las críticas, partir de esa base es un camino corto directo a la mediocridad. Me refugio en la necesidad de expresarme libremente porque tengo el derecho».

Y no es que ella no haya sido víctima de críticas despiadadas, sobre todo después de las polémicas fotos suyas que salieron en la revista Soho años atrás, vestida como Jesucristo en la Pasión, algo que, en un país católico como Colombia, cayó muy mal entre los líderes de opinión.

Ella se siente orgullosa de sí misma, de «ser auténtica», asevera, y tal es lo que la ha convertido en una mujer líder en su sector.

“Intento que mi perspectiva genere una identificación colectiva. Si no se da, lo comprendo y lo acepto. Afortunadamente, no todos pensamos igual”

Su manera de afrontar los vaivenes de la vida pasa por el humor: «no encuentro otra opción para sobrevivir, así que le busco la gracia a la desgracia». Y nos invita a todas las mujeres BEPOW a que nos riamos de nosotras mismas, es más, nos da un par de antídotos para que lo logremos. El primero: «mírense en el espejo, detecten lo feo y pónganle apodo». Y el segundo: «sean conscientes de que la vida se va a acabar y no vale la pena amargarse el rato».

Azcárate es capaz de reírse de su propia vida y de tocar a nuevas puertas con su valentía, la última fue una prueba gigante, un Stand Comedy en Viña de Mar, en Chile, ante más de diez mil personas, el cual acabó por ganar. Hasta tres veces le dijo al productor que no lo iba a hacer, atenazada por el miedo, pero al final esa valentía suya la sacó al ruedo. «No considero el fracaso como una opción. Me rindo ante el miedo cuando lo siento, lo expongo sin pudor y lucho para vencer mis propios límites. Ese fue el ejercicio en Viña, pensé que iba a ser un desastre debido a mi cruel autosaboteo mental, comprobé que yo era mi peor enemiga y me vencí. Hoy soy mucho más fuerte emocionalmente».

También nos recuerda a todas las mujeres BEPOW que el miedo al fracaso «puede ser el motor de la frustración o el promotor de la creatividad. Una elige qué cara quiere». Así que, amigas, elijamos esa creatividad y sigamos su consejo de «fluir con los cambios propios del tiempo», porque, a su juicio, así  «una evoluciona, modifica y trasciende»

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