Cómo sacar lo mejor de tus viajes

Viajar es útil para tu vida, incluso cuando ya no estás viajando. Lo que aprendes cuando viajas, ya no lo pierdes, se te instala en la mente, te cambia la filosofía de vida, te ayuda a crecer como persona y nunca más vuelves a relacionarte con los demás con la inseguridad que quizá tenías antes, ¡te hace libre y más auténtica! Ahora bien, para ello, necesitas aprender a viajar, saliéndote de los circuitos típicos, yendo por otros caminos menos trillados, buscando alternativas al clásico hotel donde no te mezclas con los locales… No te preocupes, te llevamos de la mano, en Bepow te damos los trucos para convertirte en la mujer que quieres ser ¡viajando! Y a sacar lo mejor de esos viajes.

Aprovecha para ser tú misma: Vamos a ver, tú no viajas para quedarte como en casa y hacer lo mismo que en casa, ¿verdad? No, ya que no conoces a nadie y nadie te va a juzgar, aprovecha para ser tú, sin cortarte, sin vergüenza, con libertad. Deja que la gente te conozca como eres, seguro que te van a querer más solamente por el mero hecho de ser auténtica. ¿Te gustaría ser siempre sincera, decir lo que piensas, soltar tus bromas? Pues ahora es tu oportunidad, las personas que te encuentras mientras viajas no tienen expectativas sobre ti, no te conocen desde pequeña, no trabajas con ellas; están abiertas a descubrirte como persona tal como seas. No tengas miedo, sé tú misma, ¡no puedes ser otra!

Adáptate a los lugareños: Hay dos reglas básicas para relacionarse en territorio desconocido: ‘donde fueres, haz lo que vieres’; y ‘no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti’. Si te comportas con las personas que encuentres en tu camino, ya sean oriundas o viajeras, como te gustaría que te trataran a ti, te acogerán. Incluso si cometes errores y eres capaz de reconocerlos y pedir disculpas por molestar, pero argumentas por qué has actuado así, estarán dispuestas a comprenderte y abrir su corazón. Puedes hacer grandes amigos por todo el mundo desde la autenticidad, sobre todo si viajas con la red internacional de couchsurfing, quedándote en casa de los locales, saliendo con ellos a las excursiones que organizan para los viajeros; o haciendo voluntariado en poblados, yendo a ver cómo viven otras mujeres…

Saca lo máximo del lugar: Cada país y cada población poseen una idiosincrasia que hemos de respetar y apreciar. A veces es complicado adaptarse a culturas diferentes y desconocidas, pero si te esfuerzas por entenderlas, sacarás lo máximo del lugar, adaptarás nuevas formas de relacionarte y virtudes que quizá pensabas que no podías adoptar como propias. Por ejemplo, la educación de los japoneses, que te dan las gracias cuando son ellos quienes te ayudan. Al principio, sorprende, pero luego te das cuenta de que es un gesto precioso que hace que los demás te aprecien. Pero ojo, que eso no significa no tener carácter, también saben decir que no de forma contundente cuando vas en contra de sus principios o convicciones, eso es asertividad, y también puedes aprenderla de ellos, de forma que te resulte más fácil acoplarte a cada sociedad, ¡inclusive a la tuya cuando vuelvas del viaje!

Aprende a estar presente: Sólo tienes el momento en el que vives, el siguiente, ¿chi lo sa?, como dicen los italianos. Quién sabe si va a haber otro momento detrás, ¿verdad? No, vas a estar un tiempo muy concreto en cada lugar, más te vale aprovecharlo porque igual no regresas nunca. Así que aprovecha al máximo las horas del día y de la noche; di que sí a cada oportunidad. Si te proponen algo interesante, deja de lado la pereza y lánzate a experimentar. Hay que vivir con pasión y sufrir con dignidad. Si te gusta alguien, conócelo. Si te sugieren un plan improvisado, acéptalo, aunque sea una locura (controlada, claro); si surge una excursión rara, ¿por qué no? ¡Habrá que probar! Si te quieren llevar a mostrarte un sitio desconocido que no sale en las guías, ¿qué mejor ocasión vas a encontrar? Déjate llevar por la vida, solo tenemos una, que sepamos, mejor le sacamos la chispa. Ya tendremos tiempo de aburrirnos y de acomodarnos en la rutina, si es que somos capaces al regresar.

Sé más asertiva: Lo mencionábamos antes de soslayo, pero vamos a profundizar en ello porque merece la pena. ¿Quiénes somos si decimos a todo que sí sin tenernos en cuenta? Muñecas o marionetas. Y no, nosotras no queremos ser eso, queremos ser mujeres fuertes capaces de decir NO cuando toca. Claro que vamos a decir sí cuando nos surja un plan o un proyecto interesante, pero también vamos a decir no cuando nuestra intuición nos advierta que no vayamos con esa persona que acabamos de conocer durante el viaje, que no nos metamos en esas calles oscuras que nos han recomendado como ‘muy vivas’ o que no vayamos a ese lugar clandestino que parece cool pero puede ser peligroso. Hay que escuchar a la propia mente cuando viajamos para no meternos en líos innecesarios. Exponerse a vivir sí, pero no a peligros. Somos mujeres fuertes, pero no invulnerables. Por ejemplo, evita hacer autostop, en especial, si te para un coche voluntariamente sin pedírselo tú, lo más seguro es que pretenda algo que no tú le quieres dar.

Aprende a planificar… lo justo. A la hora de preparar el viaje, conviene informarse antes previamente un poco de cosas, datos útiles y recomendaciones a tener en cuenta para no encontrarse con sorpresas desagradables. Sobre todo, es importante saber cuáles son las fechas señaladas, las épocas de tifones o lluvias torrenciales, y las estaciones del año en que viajas, porque me apuesto algo a que no quieres ver las playas australianas sentada en una cafetería con un forro polar, ni perderte el concierto de tu grupo favorito por salir justamente el día antes del país. Entérate también de las compañías aéreas low cost de cada región, porque puedes ahorrarte un montón de dinero o de tiempo en autobuses que te cuestan lo mismo pero son mucho más incómodos.

Busca cosas sorprendentes: Pregunta por todo lo que te produzca curiosidad, por todo aquello que te resulte diferente en cada país, por las cosas a las que no estás acostumbrada; y, si confías en la compañía, ábrete a saciar esa curiosidad, a aprender, a tomar nota mental de todo lo que ves a tu alrededor. A lo mejor nunca has ahondado mucho en temas espirituales, pero aprender del candomblé, del hinduismo, del chamanismo o de la lectura de los posos del café no te hará mayor daño y seguro que te resultará divertido y distinto. Con prudencia y espíritu crítico, todo aporta algo positivo.

Aumenta tu capacidad de resolución: Tanto preparar como organizar e ir solucionando los imprevistos que te vayan surgiendo por el camino te aportarán un aprendizaje vital que nunca más perderás. Verás cómo te cambian las estructuras mentales de forma que te verás capaz de resolver todo lo que se te ponga por delante sin preocuparte demasiado. No hay nadie más que tú cuando viajas, así que aprendes a sacarte las castañas del fuego para que no se quemen.

Puedes pedir ayuda: No tienes que resolverlo todo sola tampoco, tranquila. Los seres humanos tendemos a la colaboración y la mayoría de la humanidad estará dispuesta a prestarte ayuda si lo pides con respeto y cariño. Especialmente siendo mujer, cuando te ven viajando sola, todo el mundo se muestra muy predispuesto a echarte una mano o dos para sacarte de cualquier apuro. Te sorprenderá la generosidad humana y querrás compensarla. Y con esa confianza, cuando vuelvas a tus orígenes, verás que, en realidad, en tu entorno, los demás también son así, sólo que tú no se lo pedías, por aquello de no molestar. Pero no molestas, de verdad, seguro, ¡haces sentirse útiles a los demás!

Por Elisabeth G. Iborra. Periodista, editora y escritora.

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