Cómo demostrar tu amor sin volverte sumisa o dejar de ser tú.

Muchas mujeres fuertes e independientes nos situamos a nosotras mismas en una posición de sumisión con respecto al hombre porque tenemos miedo a perderle si seguimos comportándonos como mujeres fuertes. Nos enamoramos, les idealizamos y pensamos que valen más que nosotras y que, si no nos comportamos como nuestras santas madres y abuelas, como perfectas esposas a su disposición, nos van a abandonar.  

¿Te ha pasado a ti? ¿Te ves en una posición de sumisión que nunca habías tenido? ¿Tienes miedo a tener otra relación porque en las anteriores te has venido a menos, has dejado de hacer cosas importantes para ti en pos de la pareja, y crees que solo te desarrollas por completo como persona cuando estás soltera? Pues bienvenida al club. 

Elisabeth G. Iborra, nuestra colaboradora especializada en relaciones de pareja, que ha publicado el ensayo La Generación del Imposible, del porqué entablar y mantener relaciones resulta hoy tan complicado (Espejo de Tinta, 2005) y otros libros como Tenemos que hablar (Ediciones B, 2017), investiga para Bepow con psicólogos y terapeutas, cuál es la receta mágica para que esto no nos ocurra, porque es mucho más común de lo que pensamos. De hecho, en su última novela, El amor me persigue pero yo soy más rápida,  Elisabeth nos cuenta la vida de una a mujer que tiene pánico a mantener una relación seria incluso con el hombre más atractivo y maravilloso del mundo porque siente que pierde su fuerza, su poderío, parte de su personalidad.   Así que ahí van los consejos que nos propone: 

Entiende que te comportas así por tu miedo al abandono. El miedo al abandono es ancestral, según la escritora y terapeuta Pamela Kribbe, que, en su libro La mujer prohibida habla, Conversaciones con María Magdalena, habla de las energías masculinas y femeninas y explica que “el rechazo de la energía masculina afecta a la mujer profundamente y la hace consciente de una sensación de vacío interior. Se pregunta: ¿Quién soy? ¿Quién soy sin él? Se siente desprovista de sentido, de identidad, de vitalidad”.  

Se consciente de que estás intentando manipular. Lo que te va a sorprender más es que tu sumisión no es más que una forma de manipulación inconsciente para mantener a tu pareja a tu lado. “La mujer actúa como una madre que es muy generosa y, a cambio, demanda total rendición y disponibilidad del hombre. La mujer piensa que le da pleno espacio a su pareja, pero subyacente a ella, a veces, la voluntad ilimitada de dar y perdonar está la posesividad”, asegura Pamela Kribbe. Así que, cariño, empieza a quitarte el miedo a perderle y podrás ser tú misma con muchísima más naturalidad. 

Recuerda que si se enamoró de ti siendo poderosa, así le gustas. Al fin y al cabo, él se enamoró de ti por cómo eras, no por la desconocida esa en lo que te conviertes para no sufrir el abandono ni la soledad posterior. Lo único que puede pasar si cambias y pierdes las cualidades que le sedujeron es que dejes de gustarle porque es complicado que a un hombre de verdad, al que le gusta una mujer poderosa, le guste el perfil opuesto de sumisa y pusilánime a la que puede manejar a su antojo. Es más, se sentirá presionado para compensar toda esa generosidad y entrega y su reacción va a ser “el miedo al compromiso, el miedo a ser ahogado y sofocado por la energía femenina”, advierte Kribbe. ¡O sea, que perderte a ti misma es contraproducente! 

Confía en tus propios poderes y ten coraje. En El arte de amar, el psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista Erich Fromm, parte de la premisa de que, para ser capaz de tener una relación de igual a igual, una tiene que haber «superado la dependencia, la omnipotencia narcisista, el deseo de explotar a los demás, o de acumular, y ha adquirido fe en sus propios poderes humanos y coraje para confiar en su capacidad para alcanzar el logro de sus fines. En la misma medida en que carece de tales cualidades, tiene miedo de darse, y, por tanto, de amar». 

Deja a tu pareja ser él  mismo. Para el psicólogo Antonio Bolinches, “el modelo de pareja que mejor funciona es el complementario, y yo lo defino como aquel que está formado por dos personas que deciden juntar sus vidas para compartir sus plenitudes. Por tanto la mejor manera de hacer que tu pareja quiera estar a tu lado es que la relación le permita sentir que puede ser él mismo y que las diferencias que puedan existir entre vosotros resultan enriquecedoras para ambos”.  

Sé tu misma. Por descontado, si tienes que respetar que el otro sea él mismo, ¿cómo no te lo vas a permitir tú, verdad? Pues para eso tienes que aprender a comunicarte correctamente, de forma asertiva, en vuestro día a día, y no guardarte lo que piensas y sientes hasta que se te coagule una bola inmensa en la garganta y estalles de forma desproporcionada. Perderás la credibilidad. “Lo fundamental para mantener una buena comunicación en la pareja, tanto en las fases de estabilidad como en las épocas de crisis, es relacionarse con el otro sin fingimientos y desde nuestra parte más madura”, aconseja Bolinches. 

Se asertiva y expresa tus opiniones y emociones. La psicóloga Eva Valcárcel recomienda en ese sentido «practicar la asertividad: la capacidad para expresar opiniones y emociones de forma adecuada». Se refiere a defender tu punto de vista con calma, sin imposiciones, pero con firmeza: si no te gusta su actitud o no te apetece hacer determinada propuesta suya, dile simplemente que «no» y coméntale lo que te gustaría a ti personalmente para que también sea consciente de tus deseos, que no es adivino. Ante todo, no te fuerces a ti misma a pasar por el aro para satisfacerle porque acabarás acumulando rencor, resentimiento e insatisfacción. ¡Y no podrás responsabilizarle a él de lo que tú te estás obligando a hacer a ti misma por miedo! 

Toda las decisiones por ti misma y pon límites. Sé tú misma, expresa lo que deseas, no esperes a que él tome las decisiones por ti, ni a qué opine para opinar tú adaptándote a lo que crees que le gustará oír… No te calles, si te quiere como eres, es muy probable que a él le encante que mantengas tu personalidad, tu criterio, que le aportes tus ideas y debatas con él, que te rebeles de vez en cuando ante su egoísmo (que todos lo tenemos y ejercemos) y le pongas tus límites. Ahora bien, tampoco te pases al lado contrario, imponiéndote con vehemencia y anulándole, se trata de respetarse mutuamente, insisten los expertos. 

Deja que cada uno tenga su espacio. Y otro consejo más de Eva Válcarcel es que “recordéis que cada uno debe tener su propio espacio y que no es necesario compartirlo todo”. O sea, que sigas haciendo lo que hacías cuando estabas soltera, yendo al gimnasio, a cenar con tus amigas o con tus amigos, por qué no; de viaje sola si te apetece tener unos días contigo misma por ahí, o lo que te plazca, que así tendrás muchas más cosas diferentes que contarle cuando te vayas a cenar con él u os tiréis el domingo en el sofá.  Seguro que le resultas mucho más divertida e interesante que si te pasas la vida esperándole en casa para hacerlo todo juntos en plan piña. 

 

 

Por Elisabeth G. Iborra . Periodista y Escritora. Autora de 19 libros.  

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