¿Cuáles son los beneficios personales y profesionales de atreverte a viajar sola?

A la mayoría nos han educado para hacerlo todo en compañía o en dependencia de los demás, de padres, pareja o amigos, dando por sentado que no podemos hacer las cosas solas por nosotras mismas. Eso nos marca durante la infancia, se traspasa a la adolescencia y a la juventud y, si no le ponemos remedio pronto, nos impedirá desarrollarnos plenamente a todos los niveles a partir de la madurez.

Un truco muy útil y que corta de raíz con todos esos aprendizajes y creencias limitantes es empezar a hacer cosas a solas. Comienzas por ir una tarde al cine, sigues por un día a un pueblo o ciudad cercanos, otro fin de semana te alquilas un hotel frente al mar, luego viajas sola por trabajo y hasta cenas en el restaurante del hotel en lugar de quedarte encerrada en la habitación por no pasar el apuro… Después, te lanzas a escaparte quince días en viaje organizado con más gente que viaja en solitario, a continuación te vas un mes sola a algún país o zona que consideras segura y, finalmente, le coges la soltura al asunto y puedes perfectamente cogerte un año y medio para darte la vuelta al mundo o seis meses a un continente, que no es baladí. Y entonces te das cuenta de que no ha sido tan difícil, ni necesitabas realmente ser una super heroína con un valor sobrehumano, sino que te has convertido en una mujer que pisa fuerte allá por donde pasa sola.

¿Cómo vas a notar eso en la práctica en tu vida personal y profesional?

Más vale sola que mal acompañada. Cuando viajas en grupo, muchas veces tienes que soportar actitudes, comportamientos, comentarios y gestos que te molestan y pueden llegar a amargarte el viaje. Yendo sola eliges tú los momentos en los que quieres compartir tu tiempo con las personas que tú eliges, no necesitas compañía por narices. Y aprendes a estar tan a gusto sola que luego, en tu rutina diaria en tu ciudad, lo aplicas y ya no quedas sólo por ocupar tu tiempo libre con personas que no te aportan nada. Y hablamos tanto de amigas/os, como de parejas que no te tratan como mereces.

Te haces independiente y autónoma. Al no tener que consensuar con nadie, ni pedir permiso u opinión, ni esperar a que nadie piense ni decida por ti, te ves obligada a aclarar tus ideas y averiguar lo que realmente te apetece hacer, estableciendo prioridades según tu personalidad. Este mecanismo permanece ya instalado en tu cerebro para siempre como un software.
Una vez tienes las ideas claras, aprendes a tomar decisiones y a ejecutarlas, defendiéndolas ante quienquiera que se oponga a ello. Siempre, por supuesto, desde el respeto, pero si la otra persona no te respeta, sabrás ponerla en su sitio. Sea en Pekín o en tu ciudad natal a la vuelta.

Desarrollas la capacidad de resolución: ¿Problema? Solución. Esa es la fórmula de la felicidad. Ante cualquier conflicto, incidente, accidente, problema, disputa, etc. no te preocupas, te ocupas. Dejarás de darle vueltas a la cabeza inútilmente para siempre, yendo a lo práctico: Análisis del asunto y posibles soluciones. Con qué elementos cuento y qué apoyos puedo lograr, siempre con una sonrisa, con mal rollo no se consigue nada bueno.

Todo tiene solución mientras estemos vivas: Efectivamente, dejas de darle importancia a lo que no la tiene. Las nimiedades, los detalles tontos, las frases desafortunadas, los pequeños problemas, etc. dejan de tener relevancia. A partir de un viaje a solas, sólo se la das a lo transcendente. Te enfadas menos por los contratiempos y contrariedades, y lo único que te puede amargar realmente la vida es un problema de salud tuya o de los demás que no tenga remedio. Y aún así, sabrás gestionarlo con más calma y confianza en tus capacidades.

Aprendes a ser asertiva: Las mujeres especialmente necesitamos aprender a decir que no y quitarnos ese miedo a quedar mal por no concederle sus deseos al otro. Cuando le coges el gusto a esto de decir NO alto y claro por muy bien que te lo vendan, por más que te presionen o te sientas obligada por su insistencia, ya puedes decirle NO a todo el mundo, ¡incluso a tu familia, que es lo más difícil!

Ir vestida para la ocasión es posible viajando. No necesitamos una maleta inmensa cada vez que salimos de viaje. Con una mochila o un trolley de cabina de avión podemos perfectamente ir limpias y adecuadas en cualquier lugar y situación metiendo las cosas básicas y versátiles posibles.

Adquieres una seguridad en ti misma que ya no te la quita nadie. Viajar te enriquece y te hace madurar a pasos agigantados, entras en un aprendizaje constante en el que la vida no para de ponerte a prueba. Y te vas dando cuenta de que realmente no tienes límites, puedes con todo lo que te propongas y te propongan, es más, si no puedes, no pasa nada: sigues viva. Con esa seguridad puedes conseguir un trabajo en el que valoren todo lo experimentado viajando a solas, puedes relacionarte de una forma más igualitaria y respetuosa con las personas que elijas y, lo que es más importante: ni te infravalorarás tú más en tus capacidades, ni permitirás que nadie lo haga. Porque te habrás demostrado tu valor a ti misma, da igual lo que opinen los demás al respecto.

 

Por: Elisabeth G.Iborra. Periodista y escritora,  con 17 libros publicados, el último”La vuelta al Mundo de Lizzy Fogg”

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