Patricia Portillo, empresaria de Surf The Lead

 

La empresaria y economista asegura que para ella lo más importa es la libertad y que hay que buscar momentos de quietud para saber lo que realmente queremos.

Para Patricia Portillo, múltiple-emprendedora, exesquiadora profesional olímpica y madre de Jimena, Palmira y Manuela, la libertad es lo más importante. Ella no se ha conformado con la vida rutinaria de un trabajo estable y bien pagado, aunque en Hong-Kong lo tuviese, y en Madrid su marido también; sino que prefiere arriesgar, incluso con tres hijas, para buscar su propia manera de vivir y de definir su éxito.Su nueva aventura empresarial se llama Surf The Lead, un concepto pionero en España que consiste en un programa de liderazgo y surf para adolescentes.

Patricia inició su andadura como miembro del Equipo Olímpico Español en las Olimpiadas de Invierno de 1994 en Noruega, pero una lesión cambió su rumbo y la desvió por otro camino muy distinto. Gran amante de los viajes y las nuevas experiencias, con veinticuatro años dejó su trabajo en España y se marchó a las oficinas de Cortefiel en Hong Kong. Allí estudió un MBA en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong y, al terminarlo, accedió a un “muy buen puesto” en una naviera de HK donde ganaba dinero y estaba bien considerada. Sin embargo, “no era nada feliz y un día, haciendo yoga, me di cuenta: Supe dentro de mí que quería dejar el trabajo y organizar una exposición de arte en Hong Kong¨. Esa idea que se formó en la quietud la mantuvo de un lado para otro en los siguientes años. Abrió su propia galería en Shanghái, exportó arte de España a Asia, viajaba a Indonesia, a China, a Malasia para descubrir talentos y venderlos en su galería… y todo ello teniendo ya por entonces dos hijas.

¿De dónde salió todo ese valor? “Es muy importante tener momentos de quietud, estar contigo misma, con tu respiración, en paz, para conectar con tu verdadera esencia; porque ahí es cuando la mente se aclara y cuando te das cuenta de lo que realmente quieres y de lo que no quieres. No es valor, es claridad, cuando uno tiene claras las cosas, el valor sale”.

El tiempo hizo que, después de 12 años en China, su marido tuviese que volver a España, ella ya con su tercera hija. Estuvo unos años sin sentirse muy bien en Madrid, hasta que, finalmente, la pareja decidió arriesgarlo de nuevo todo y mudarse a Asturias a crear Surf The Lead, un concepto que aunaba sus máximas pasiones: el liderazgo, el surf, el yoga y la adolescencia.

“Nuestro objetivo es que los niños y jóvenes, cuando se enfrenten con los obstáculos de la vida, sepan que dentro de ellos reside un potencial infinito y que lo único que tienen que saber hacer es acceder a él. Para nosotros, ese es el liderazgo: saber gestionarte a ti mismo, saber inspirarte, alcanzar tus objetivos y así inspirar a los demás a hacer cosas mejores”.

El proyecto sólo lleva dos años en funcionamiento, así que todavía le quedan desafíos por delante. Patricia aprecia en la libertad que le da un período ascendente de su vida. “Cuando estábamos en Madrid todo estaba más organizado y era mejor, el sueldo, la escuela de las niñas… pero no teníamos ninguna libertad. Ahora la tenemos, y, aunque todo es más desorganizado y hay más incertidumbre, también tenemos todo lo que necesitamos todos los días”.  Y es que para Patricia el éxito no es algo que esté ahí y que uno coge, son simplemente pasos hacia algo: “Es más un rumbo que un puerto”. Su rumbo es el yoga, es su relación con otras culturas e idiomas, que también sigue ejerciendo con Surf The Lead, pues asisten niños de otros países; es viajar y ocuparse de la educación y la formación de sus hijas, pero no sólo en la escuela. Por eso ha creado Surf The Lead, para que otros niños se beneficien de ello. Tres meses al año también lleva a sus hijas a esquiar a Baqueira Beret, donde asisten al colegio, para que puedan disfrutar de experiencias diferentes.

De esa forma, Patricia está en esa escalera hacia su propio éxito, después de haber hecho lo que siempre quiso y soñaba de pequeña, a saber, viajar extensamente durante 12 años por China; y de ahora conjugar sus pasiones en un proyecto con un impacto social en las futuras generaciones, no sólo en sus hijas. Sí, “hay días que son difíciles y hay dudas”, nos confiesa. Pero vive en libertad.

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